Opinión

Takbar Haddi, dos años después

El 31 de enero fue un triste aniversario para Takbar Haddi, y le recordó que hizo dos años que no tiene a su hijo con ella.

Mohammed Lamin Haidala fue asesinado por colonos marroquíes que le tenían en el punto de mira por su incesante actividad en favor de la Independencia del Sáhara, a pesar de su juventud.

Dos años después de este asesinato, y de la posterior huelga de hambre llevada a cabo por su madre Takbar Haddi, seguimos sin respuesta internacional al crimen ni a sus reclamaciones de Justicia.

La entonces Delegada del Gobierno en Las Palmas de Gran Canaria, María del Carmen Hernández Bento, rechazó de plano estas reivindicaciones esgrimiendo el argumento que le proporcionó el Cónsul de Marruecos en dicha ciudad calificando lo sucedido de “reyerta entre jóvenes”. El “Majzén” español la ha premiado por solventar este asunto proponiéndola como Senadora por el Partido Popular, y resultando elegida, ocupará su puesto de Senadora, siendo sustituida al frente de la Delegación del Gobierno por su hermano Enrique, por los favores prestados como Sub-secretario de Industria.

Takbar Haddi continuó su huelga en la sola compañía de dos mujeres canarias y un activista por los Derechos Humanos del Pueblo saharaui, y con Salah Larossi a su lado.

Takbar no entendió la falta de apoyo de tanta gente que se volcó con ella durante los 36 días de huelga de hambre. Dijeron que es “una mujer conflictiva” y otros, en voz baja, han dicho que es una mujer “perturbada” por el asesinato de su hijo.

Yo misma no respondo a los patrones de “normalidad” en cuanto a mi carácter, a la hora de negociar políticamente, pues no sé separar mi pasión de lo correcto o beneficioso para mí misma. Abrazar la diferencia es la base de una sociedad plural y libre como la saharaui, y tampoco yo, entiendo por qué se dejó sola a Takbar Haddi en una plaza de una ciudad ajena, sin refugio, ni casa ni familia.

Cuando se pasa por una situación dramática y salvajemente dura como la pérdida de un hijo en condiciones tan crueles e inhumanas, a cualquiera de nosotros nos resultaría difícil estar acertados a la hora de tomar decisiones o negociar políticamente la conveniencia de una estrategia a seguir.

Un abrazo de toda la Nación saharaui es lo más acertado en este caso, pase el tiempo que pase y sea cual sea el resultado de este apoyo.

No concibo un 18 de febrero, “Día de las Madres Saharauis”, sin rendir un homenaje a la madre de un héroe de nuestra guerra interminable, salpicada de muerte y horror, y ella se llama Takbar Haddi.

Es nuestra obligación apartar diferencias y seguir unidos, por la causa común de todo el pueblo saharaui del que ella es parte, a pesar de cualquier “diferencia” que podamos tener con ella a nivel personal. Aprender a separar lo individual del bien común es un trabajo arduo y difícil, pero esa es la forma de nuestra democracia y nuestra forma de vida. Nuestra historia, como miembros de clanes y tribus, debería enseñarnos que la negociación y la palabra dada son leyes centenarias en el Sáhara, la patria de Takbar Haddi y de su hijo asesinado Mohammed Lamin Haidala.

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El autor

Farah Azcona Cubas

Farah Azcona Cubas

Destacada militante feminista y defensora de la causa saharaui.