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¿A qué estamos esperando?

“…solo cabe una solución, si es que se aspira a llegar al Gobierno mediante elecciones (otra cosa es tomar el poder): la creación de un Bloque Popular Canario que no excluya a nadie, poniendo el proyecto de ruptura con este régimen corrupto como objetivo principal, acordando un programa económico en beneficio de los cientos de miles de personas que en Canarias las están pasando canutas y sufriendo un mal gobierno que destroza la Sanidad, la Educación, los Servicios Sociales y el Empleo.”

Pocos días después de las elecciones del 14 de marzo de 2004, marcadas por las colosales mentiras de Aznar, Acebes, Zaplana y Rajoy sobre la autoría de los atentados del 11-M, un compañero de luchas vecinales me confesó que había votado por ZP para evitar que Rajoy sucediera al pequeño dictador con plaza en Georgetown (una de sus prebendas a cambio de dar el apoyo a Estados Unidos para atacar al pueblo de Irak). A lo largo de los últimos 30 años, muchas personas han sucumbido al tradicional llamado ‘voto útil’ realizado por el PSOE pero me llamó la atención este caso tratándose de un independentista canario.

Eran, todavía, los años en que el bipartidismo se repartía hasta el 85% de los votos en las elecciones generales, merced a un sistema electoral diseñado para impedir una alta representación del PCE, según confesión de Herrero de Miñón (Alianza Popular), arquitecto del tramposo sistema de la transición, y del ex presidente Leopoldo Calvo Sotelo (UCD).

Si algo hay que apreciar de los independentistas canarios es su coherencia a la hora de no participar en las elecciones a las Cortes Generales. Porque presentarse a las elecciones es legitimar el Reino de los Borbones. En eso, se diferencian claramente de catalanes y vascos. Se podrá esgrimir que dadas sus escasas posibilidades de obtener escaño, mejor que ni lo intenten. Pero ese no es el meollo.

Ahora la cuestión es que hemos vivido el segundo fracaso del corto reinado (esperemos) de Felipe VI en España en su designación de candidato a presidente del Gobierno, algo que se pasa por alto. Tras la derrota de Pedro Sánchez se sumó el fracaso de Mariano Rajoy porque personas de todo el Estado, con sus votos, han roto el bipartidismo pese al injusto y antidemocrático sistema electoral, a las financiaciones ilegales de los partidos del establishment (sería oportuno que se investigara a fondo el origen del dinero que ha financiado las campañas de Albert Rivera) y del apoyo que reciben de los grandes grupos empresariales y mediáticos.

Son los mismos poderes que presionaron a Pedro Sánchez, representados en el seno del PSOE a través de personajes como Susana Díaz o Fernández Vara, para provocar la abstención de los diputados del PSOE y favorecer un Gobierno del PP. El final ya lo conocemos: un golpe oligárquico, como bien lo definió el coordinador de IU, Alberto Garzón, para impedir un gobierno distinto y forzar el cambio del sentido del voto, de modo que el presidente de esa ‘asociación ilícita’ que tiene como tapadera un partido político, el PP, será investido presidente otra vez. Por cierto, ¿a qué se está esperando para presentar una denuncia que ilegalice esa ‘asociación ilícita’ que es el PP, en cada una de las Comunidades donde ha delinquido?

Será probablemente una legislatura corta, dado que el PSOE, una vez designe a su nuevo secretario general (o nueva secretaria, según el plan de Susana Díaz), tratará de recomponerse mientras que Rajoy y su banda de maleantes (que deberán pelear Ley a Ley salvo que gobiernen otra vez a golpe de decreto) calcularán el mejor momento para convocar nuevas elecciones con la excusa de la ingobernabilidad, lo que podría suceder a partir del 3 de mayo de 2017.

Por tanto, es necesario prepararse para ese escenario y empezar a organizarse, incluso aunque no hubiera elecciones anticipadas el próximo año. Es imprescindible empezar a desarrollar un plan de ruptura con el régimen ya podrido de 1978, desde Canarias para Canarias.

La experiencia, el Movimiento 27 de Noviembre
Ocultada y/o minimizada por los medios de comunicación españoles, la manifestación del 27 de noviembre de 2004 convocada por Asamblea por Tenerife fue la primera expresión, antes que el famoso y muy madrileño 15-M, de profundo malestar social con un sistema económico y político que solo beneficia a unos pocos, una impugnación del modelo de desarrollo, una enmienda a la totalidad del sistema, un rechazo al Gobierno de los caciques locales y a los tres partidos que en Canarias han sustentado este régimen corrupto: Partido Popular, PSOE y Coalición Canaria.

Consecuencias políticas posteriores fueron la escisión producida en el PSOE de Tenerife, cuando una parte de sus militantes decidió crear Socialistas por Tenerife, o la escisión de Alternativa Popular Canaria (por la marcha de sus principales dirigentes para fundar Sí Se Puede), ruptura que dio lugar al nacimiento de Alternativa Nacionalista Canaria. En el primer caso, por las graves contradicciones expresadas (Puerto de Granadilla sí, pero no) y en el segundo por el abandono de las tesis soberanistas de los ex principales dirigentes de APC que se fueron a SSP.

Sin embargo, han pasado muchos años y en Canarias siguen gobernando los mismos de siempre, los títeres camuflados de nacionalistas (de baratillo), apoyados unas veces por la casta del PP y otras por la casta del PSOE, un tripartito al servicio de no más de diez o quince millonarios. Todos ellos se han aprovechado de un sistema electoral antidemocrático, financiación ilegal de sus organizaciones políticas y fuerte apoyo mediático.

Las fuerzas políticas alternativas han sido incapaces de articular una organización a escala canaria para cambiar esta situación. Solo la irrupción de Podemos, como una moda, ha permitido que aquellos que fueron a Madrid a pactar un acuerdo hayan entrado en el Parlamento de Canarias, pero aún es insuficiente.

Por tanto, en mi opinión solo cabe una solución, si es que se aspira a llegar al Gobierno mediante elecciones (otra cosa es tomar el poder): la creación de un Bloque Popular Canario que no excluya a nadie, poniendo el proyecto de ruptura con este régimen corrupto como objetivo principal, acordando un programa económico en beneficio de los cientos de miles de personas que en Canarias las están pasando canutas y sufriendo un mal gobierno que destroza la Sanidad, la Educación, los Servicios Sociales y el Empleo.

Es posible esa unidad, no tengo dudas. Para preparar el 27-N de 2004, independentistas, ecologistas, comunistas, anarquistas, socialistas y demás etiquetas que se quieran, junto a vecinos, trabajadores y académicos sin militancia nos pusimos a trabajar codo con codo, rompiendo los prejuicios que cada uno teníamos de los demás. Y el resultado fue espectacular.

La creación de un Bloque Popular Canario (como las distintas confluencias en otras partes del Estado) es una decisión de tipo táctico donde cada organización mantendría su identidad e implica superar traiciones, resentimientos, malentendidos, diluyendo egos en una masa mayor por el bien común. Lo contrario, seguir cada uno por su lado, protegiendo una baldosa, solo es hacer el caldo de cultivo para que sigan gobernando los mismos de siempre por mucho más tiempo (y ya son muchos siglos) mientras cada una de las decenas de organizaciones políticas alternativas se enroca en su purismo ideológico y echa las culpas al vecino. Todo ello mientras los trileros del PPSOE-CC nos roban en nuestras narices. O inventamos o erramos, decía Simón Rodríguez, maestro de Bolívar.

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El autor

Ramón Pérez Almodóvar

Ramón Pérez Almodóvar

Ramón Pérez Almodóvar es periodista y especialista en comunicación social y con amplia experiencia en España y América Latina. Licenciado en Ciencias de la Información, rama Periodismo (1985-1990). Universidad Complutense, Madrid. Máster en Gestión de la Comunicación Política y Electoral (2007-08). Universidad Autónoma de Barcelona.