Reportajes

Aquí (en Santa Cruz) no hubo Guerra (Civil)

Esta es la primera frase que, a modo de consigna, te enjaretan cuando se saca el tema de la Guerra Civil, a continuación se farfulla algo sobre una represión desmesurada y luego nada. ¿Qué grado de certeza tiene esta frase hecha? Para comprobarlo, a pesar del tiempo transcurrido, hay que acordarse de algunos hechos y rastrear las huellas que, si hubo este conflicto, han podido quedar en nuestra ciudad.

La confrontación. En la capital de Tenerife con las primeras horas del 18 de julio de 1936 la guarnición, al mando del general Franco, se subleva contra el gobierno de la República, ocupando el Gobierno Civil, centro del poder republicano, destituyendo a las principales autoridades y dando lectura al bando proclamatorio del estado de guerra. Durante los siguientes tres meses tiene lugar una desigual confrontación armada en la Isla entre los militares rebeldes y sus partidarios organizados en milicias, Acción Ciudadana y Falange, que emprenden de inmediato unas violentas y prolongadas acciones con el fin de controlar el territorio y la población que en su mayoría les es hostil. Proceden a clausurar e incautarse de los locales de las organizaciones políticas, sindicales y populares. Detienen a varios miles de los oponentes políticos (de organizaciones obreras y republicanas) y se dedican a la búsqueda y decomiso de armas de fuego o explosivos que estuviesen en manos de la población. Para conseguir sus fines los insurrectos aplican como arma de guerra todo tipo de actuaciones represivas. La más extremada violencia y la generalización de la tortura es el modo de actuación de las autoridades cívico-militares tinerfeñas rebeldes frente a la resistencia de los santacruceros que defienden la democracia republicana.

La resistencia activa y armada. Esa confrontación comienza en la mañana del 18 de julio con la proclamación de la huelga general indefinida por parte de los sindicatos CNT y UGT, huelga que se extiende por toda la ciudad a partir del lunes 20, conflicto que se prolonga durante dos semanas, al menos en los sectores más combativos: construcción, tabacos, portuarios…. El día 18 por la tarde tiene lugar el choque entre manifestantes junto a Guardias de Asalto (bajo el mando del teniente Alfonso González Campos, fusilado el 11 de agosto) que intentan retomar el Gobierno Civil y restaurar la legalidad republicana, este hecho, conocido como La Refriega, termina con dos muertos (el cabo Francisco Muñoz Serrano y el joven soldado voluntario Santiago Cuadrado Suárez, miembro de la Juventud Católica) y cinco heridos.

El Complot de Agosto, animado por soldados anarcosindicalistas acaba en muerte. Algunos de sus principales actores, cuatro militares y un paisano, son fusilados en las primeras horas del 16 de septiembre en la batería del Barranco del Hierro

Desde esa noche se producen en la ciudad continuos tiroteos, que van decreciendo haciéndose cada vez más esporádicos hasta finalizar a mediados del mes de septiembre. Durante el primer mes y medio después del golpe de estado se desarrolla en la capital tinerfeña una lucha a muerte entre las autoridades golpistas y los grupos de activistas que se mantienen alzados, protagonistas de los tiroteos con las fuerzas de ocupación de la urbe (patrullas y operativos del Ejercito y milicias armadas), que tratan de revertir la situación protagonizando diversos intentos de asaltos a los cuarteles y una vasta conspiración cívico-militar, el Complot de Agosto, animado por soldados anarcosindicalistas.

La insurrección estaba fijada para el 29 de agosto y algunos de sus principales actores, cuatro militares y un paisano, son fusilados en las primeras horas del 16 de septiembre en la batería del Barranco del Hierro. El operativo militar que ocupa las calles se retira a los cuarteles en diciembre, cinco meses después del golpe. En mayo-junio de 1937 las autoridades franquistas desarticulan un vasto complot que se extendía por varios cuarteles de la ciudad, que pretendía apoderarse de ellos, liberar a los presos de Fyffes y dominar la plaza, el 24 de julio de 1937 fueron fusilados los soldados Manuel Alonso Rodríguez, Antonio Hernández García y Rosendo Cruz Álvarez –los dos primeros naturales del pueblo de Arico y el último de la isla de La Palma–.

Solo a partir de octubre de 1937 las autoridades militares consideran como seguras a la capital e isla de Tenerife.

Las huellas del dictadorLa derrota. Con la llegada del general Dolla, (13 de septiembre de 1936) nuevo comandante general del Archipiélago, se abre una fase que se caracteriza por el decrecimiento de la resistencia armada y el final de la confrontación directa, la captura de casi todos los activistas de los grupos armados, que en su mayoría serán presentados ante Cortes Marciales por la Auditoría de Guerra, condenados a muerte y fusilados (causa 246/36, en diferentes piezas, 30 fusilados).

La otra característica de esta fase es la eliminación selectiva de los enemigos políticos de la oligarquía tinerfeña, a los que se aplica la Ley del Saco. Según fuentes orales fiables se asesina, por La Ronda o Brigada del Amanecer, a unos 1.000 vecinos de Santa Cruz, sin que sepamos nada de ellos hasta la fecha, desapareciendo sus cuerpos (muchos de ellos margullados, metidos en un saco lastrado, o apotalados). La población trabajadora chicharrera va a ser sometida a una depuración exhaustiva, a muchos se les aplicarán duras sanciones. La capital de Tenerife como parte importante de la retaguardia activa que es el Archipiélago aportará durante la guerra unos 14.000 soldados, el petróleo de su refinería, divisas y productos alimenticios y de consumo.

La victoria. El final de la guerra con la victoria militar del franquismo significa que sus partidarios durante 80 años han disfrutado de las prebendas del poder, pero también significó la desposesión económica y la miseria de los vencidos. Unas 2.000 víctimas producto de los muertos en los frentes, de la represión, la violencia y el hambre en la retaguardia santacrucera. En la posguerra se fusila a 10 oponentes políticos y mucho de los vecinos de la ciudad son imputados y condenados aplicándoseles las nuevas jurisdicciones especiales de Responsabilidades Políticas y de Represión de la Masonería y el Comunismo.

Huellas de guerra y represión. En estos últimos 40 años las autoridades apenas se han ocupado de proteger la memoria de este conflicto y se han negado a conservar sus vestigios materiales, habiendo desaparecido algunos de los más importantes; se han conservado muchos de ellos como Capitanía General, el centro del poder militar; uno de los grandes acuartelamientos, de otro solo han dejado una pared; varias de las numerosas cárceles: Paso Alto, Caballería, Provincial y de los centros de tortura: Palacio de Justicia, Templo Masónico, Palacio de Carta o la actual sede del Parlamento de Canarias en el que tuvieron lugar numerosos consejos de guerra en los que se condenó a muerte a decenas de presos políticos tinerfeños y a larguísimas penas de prisión a cientos de vecinos de la capital…

En la actualidad, se conservan muchos más vestigios de su Victoria, mejor cuidados que los de la Guerra y la represión. La trama urbana de la capital, trufada por monumentos, estatuas de próceres locales, importantes colaboradores del régimen franquista. Edificios públicos que conservan el nombre de conspicuos secuaces de la dictadura, barriadas nominadas todavía con conocidos criminales de guerra y el callejero de esta capital, parasitado por más de 100 servidores de la dictadura, algunos de ellos golpistas y otros relacionados con la represión y la desposesión.

Paras saber más: Tenerife en Guerra

https://www.youtube.com/watch?v=65roBevegY8&feature=youtu.be

Prisión Militar de Fyffes. El fascismo en Tenerife (1936-1943).

https://www.youtube.com/watch?v=XFUwtsIV8RU

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El autor

Ramiro Rivas García

Ramiro Rivas García

Ramiro Rivas García es doctor en Historia por la Universidad de La Laguna. Especializado en la Guerra Civil española y sus consecuencias en el Archipiélago, ha publicado y colaborado en varios trabajos relacionados con la materia.