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BENITO LÓPEZ: “El sindicalismo no va a desaparecer”

Benito López (Tenerife, 1956) lleva en la lucha sindical una eternidad; el tiempo suficiente para haber asistido al auge y crisis de unas organizaciones que todavía defiende como “el último bastión” del estado de bienestar. Sindicalista “de clase” y miembro de la Unión Sindical Obrera (USO) desde 1979, ocupó la Secretaría General nacional entre abril de 2002 y diciembre de 2005. Después regresó a su puesto de trabajo de mantenimiento en la refinería de Santa Cruz, donde continúa fichando cada mañana, de 7:30 a 16:00. Muy crítico con el duopolio CCOO-UGT, reconoce que “la complicidad” con el poder de estos dos grandes aparatos ha erosionado la credibilidad del sindicalismo. Sin embargo ve luz al final del túnel: en los pequeños pero sólidos sindicatos como USO y CGT “financiados con el dinero de sus afiliados” y en la clase trabajadora, si es capaz de salir del laberinto creado por el lenguaje en estos años de crisis. “La fragmentación empieza ahí, con el uso de términos como: clases medias, precariado o emprendedor autónomo. La lucha de clases sigue existiendo y los sindicatos estamos obligados a demostrar hasta qué grado ha llegado el engaño y la perversión en estos años de crisis financiera”.

Hay que preguntarse si Europa sigue siendo “isla de los derechos sociales y laborales” o por el contrario ha mutado hasta imponer el discurso neoliberal más feroz

¿Cómo afronta el sindicalismo un frente tan hostil como el actual: una crisis económica que no termina y unas políticas neoliberales cada vez más salvajes?

Con enormes dificultades y mucho en contra. Hoy se aprecia con absoluta claridad el divorcio entre los aparatos sindicales y los trabajadores. El modelo bisindical que se impulsó en la Transición para favorecer el duopolio CCOO-UGT, se ha revelado incapaz de dar respuesta a las exigencias de la gente en un momento en el que sus derechos más básicos comienzan a desaparecer. El trabajador se ha quedado solo en una situación dramática, y enfrente, dos enormes aparatos institucionalizados y alimentados con dinero público. Incapaces de conectar con la base y bastante alejados de lo que está sucediendo en la calle y las empresas.

La USO fue parte indiscutible de la lucha sindical al final de la dictadura. Junto a Comisiones Obreras era el sindicato de referencia. ¿Dónde está hoy?

Los sindicatos españoles sufrieron el mismo proceso que los partidos políticos: se polarizaron en dos grandes frentes. El bipartidismo nacido después de la Transición tiene su reflejo en la hegemonía de CCOO-UGT. Esa fórmula creada tras los Pactos de la Moncloa e impulsada por los gobiernos de Felipe González, con la Ley Orgánica de Libertad Sindical y procesos de elecciones sindicales fraudulentos, lamina hasta hacer casi desaparecer al resto de sindicatos, entre los que estábamos nosotros, la USO, que hasta el momento habíamos sido referencia de un sindicalismo de clase trabajadora muy ideologizada. Con el paso de los años, ese modelo bisindical se ha transformado en una enorme estructura organizativa, demasiado ocupada en mantenerse a sí misma, endeudada con lo público y desconectada de su base. En medio de este panorama, la USO, la CGT y otros sindicatos de clase buscamos fórmulas para volver a conectar con las trabajadoras y los trabajadores. Lo que es fundamental, y a eso nunca hemos renunciado, es crear una fuerte base de afiliación. A la USO la financian sus afiliados y eso te da una libertad que los macro sindicatos CCOO y UGT no pueden tener. Hace una década, el 80 por ciento de la financiación de Comisiones Obreras venía de dinero público y eso se cobra el peaje que ahora estamos viendo. El poder real del sindicalismo está dentro, en los afiliados. Lo positivo es que la USO ya ha roto el techo del 10 por ciento de representatividad en muchos sectores y que vencimos el veto impuesto por CCOO-UGT para que no participáramos en la Confederación Europea de Sindicatos. Como en Europa nos consideran, ya en España comienzan a tenernos en cuenta, aunque todavía no escuchan nuestro diagnóstico: así no, deben volver a conectar con los trabajadores. En las Mareas, en el 15-M, había gente de los sindicatos, pero los sindicatos no estaban ahí. ¿Por qué? A eso hay que contestar.

“Todo ese nuevo lenguaje: precariado, clases medias, casta… desvirtúa y pervierte el discurso de la unidad de clase, la dinamita y fragmenta”

Aparece una nueva figura en el tablero, los sindicatos profesionales.

Es parte del proceso de fragmentación e individualización del trabajador. El sindicalismo de clase tiene una base política que no comparten los sindicatos profesionales. La gente va buscando sobrevivir en las empresas obteniendo pequeñas mejoras salariales o de horario. La sociedad española ha ido tendiendo hacia el individualismo en medio de un clima de pérdida de confianza hacia los partidos de izquierda y los sindicatos. Los trabajadores y trabajadoras están aislados y desconectados entre sí. Sin ningún género de dudas los sindicatos de clase tienen el reto de recuperar su facultad de servir de factor de unidad y conciencia de una clase trabajadora fragmentada y decepcionada. Esto es fundamental en la lucha por la recuperación de los derechos fundamentales que hemos perdido durante estos años de crisis financiera. Partidos y sindicatos tenemos que hacérnoslo ver. Hay que revisar qué falló para que el país esté en la situación en la que está y no hayamos sabido reaccionar.

Parece que vamos al thatcherismo más feroz, el que imaginaba un ambiente para los negocios “libre de sindicatos”.

Soy optimista y confío en que los sindicatos no van a desaparecer. Son el último bastión del estado del bienestar, cuya aplicación en Europa es referencia para el mundo. Lo que sí puede cuestionarse es si Europa sigue siendo hoy esa “isla de los derechos sociales y laborales” o por el contrario ha mutado hasta imponer el discurso neoliberal más feroz y las políticas más antisociales de su historia reciente. En Latinoamérica y el Sudeste Asiático, el trabajador más sometido y explotado es capaz de rebelarse, y lo hace. Quizá el trabajador europeo no ve aun la magnitud de la tragedia en la que está inmerso, pero la veremos todos y confío en que actuaremos. Mantengo, por así decirlo, un optimismo moderado. El futuro dependerá de cómo actuemos todos en este momento.

¿Precariado o proletariado?

Clase trabajadora. Todo ese nuevo lenguaje promovido desde el liberalismo capitalista: precariado, clases medias, casta… desvirtúa y pervierte el discurso de la unidad de clase, la dinamita y fragmenta. Es como establecer una nueva clase, más baja, dentro de una clase trabajadora incapaz de reconocerse como tal. Hoy somos profesionales de la alimentación, de la hostelería, del periodismo… no nos consideramos trabajadores. Y lo somos, de ahí la necesidad de desmontar la perversión que supone el discurso neoliberal y su descripción de la realidad social y económica, la crisis financiera y todas sus repercusiones, sociales y hasta culturales.

“Los sindicatos son organizaciones profundamente masculinas, poco permeables al análisis feminista y de género. Hay una resistencia estructural y cultural al empoderamiento de las mujeres”

¿Para cuándo mujeres al frente de los sindicatos?

Los sindicatos son organizaciones profundamente masculinas, en su composición y comportamientos, poco permeables al análisis feminista y de género. Hay una resistencia estructural y cultural al empoderamiento de las mujeres en su seno. El activismo de las mujeres en la base de los sindicatos, no se refleja posteriormente en sus estructuras de dirección y acción. Tiene que haber voluntad para superar los indudables tics machistas que persisten en las organizaciones, más allá de los discursos de igualdad y paridad que en muchas ocasiones son pura fachada.

No existe una voluntad real en profundizar en los porqués de esa desigualdad.

¿Cómo es hacer sindicalismo en Canarias?

Yo intento no caer en tópicos: la negociación colectiva en Canarias suele ser más baja que en el resto del país y eso se da tanto por la fragmentación del territorio como por la dependencia hacia el sector servicios. En las islas, la hostelería y el comercio tienen otro tipo de relaciones laborales, y el trabajo sindical es muy complicado porque a la precariedad hay que añadirle una relación menos anónima entre el patrón y el trabajador. Hablamos de empresas que muchas veces constan de dos empleados y el jefe y esa cercanía complica la negociación de mejoras. El reto del sindicalismo en Canarias es averiguar cómo llegar a esos sectores desde el sindicalismo organizado de la gran empresa, su medio natural actual.

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